lunes, 1 de julio de 2013

Un paso atrás

Siempre suele existir un punto de inflexión que te hace reflexionar, que te hace sentir que algo va mal y que debes cambiar. Sientes que hasta ahora, todo lo que iba bien, se derrumba. Cae en tan solo un segundo. Aquello que tanto costó y que tras tantos años habías conseguido llegar a la cima. Lo más fácil es volver a empezar. Desechar todo. Que llegue el cambio. Sin embargo, puedes mover una sola ficha y arreglar tus problemas. Seguir por un camino paralelo o retrasar tu camino para volver con más fuerza.

España es subcampeona de la Copa Confederaciones tras ver como Neymar, Fred, Paulinho y compañía borraba del terreno de juego el dibujo táctico de Del Bosque. El seleccionador español pareció echar de menos un doble pivote que no alineó en todo el torneo por la baja de Xabi Alonso. España, o más bien Busquets, se vio sobrepasada. Un hombre trataba de sujetar todo un entramado que se base en ir al corte limpio cuando se pierde el balón. Sin embargo, ayer España no tenía el balón y Sergio estaba desubicado. No podía hacer su trabajo. Brasil movía rápido la pelota. Apenas conducía por el centro del campo. Pases verticales. A banda. Busquets tenía más trabajo del habitual y fuera de su zona habitual. Sin un acompañante y teniendo que desplazarse del mediocentro, dejaba un hueco. Un agujero que ni Xavi, ni Iniesta saben cubrir. Ese hueco suele ser de Alonso y aunque él no estaba, Del Bosque contaba con un campeón de la Champions League. Javi Martínez apenas jugó en su sitio en esta competición. Sin él se había conseguido ganar los tres partidos de grupo sin demasiada dificultad. Pero ante Italia ya se notaba que Xavi no era el acompañante ideal de Busquets en el esquema de Del Bosque si España pierde el balón. Y ante Brasil empeoró. La presencia de Xavi sobre el terreno de juego fue superflua. Estaba pero no participaba. Paulinho y Luiz Gustavo mostraron su superioridad. Solo se enfrentaban a Busquets. Tal vez, cuando algo no funciona, sea bueno volver a lo de antes. Sin Alonso la opción de Javi Martínez debería ser una solución excelente y no un ‘quizás’. Javi Martínez está al nivel de Alonso, incluso superior esta temporada. Del Bosque prefirió dejar solo a Busquets y ante la adversidad no supo reaccionar. Con el 1-0 y las acometidas brasileñas podría haber introducido el doble pivote porque en las finales no hay que ser contemplativo. Si hay que hacer un cambio a los veinte minutos, se hace. La reacción es primordial a la hora de la victoria.

 rtve.es     

Pero el dejando de lado un doble pivote que parecía que no era necesario durante todo el torneo podemos hablar de un relevo que ayer llegó a su cenit. Álvaro Arbeloa se ha aferrado al lateral derecho de la selección desde que Sergio Ramos empezara a actuar de central de una forma extraordinaria en el Real Madrid. El lateral salmantino no ha tenido rival. Nunca se había llevado un suplente firme. Sin embargo, César Azpilicueta ha dado esta temporada un salto cualitativo en el Chelsea. Tras una gran temporada en Marsella el ex de Osasuna fichó por el Chelsea y se convirtió desde el primer minuto en el lateral derecho titular de los campeones de la Europa League. Una muestra de su nivel y de su crecimiento. Su llamamiento a la selección no fue ninguna sorpresa e incluso podría llegar para ser titular, como ya hiciera Jordi Alba en la izquierda, en un lateral que pedía relevo desde que Ramos lo dejara huérfano. Y es que sin el andaluz en la derecha, España perdía profundidad, mordiente y entereza. Arbeloa es un cumplidor, de eso no cabe duda. Pero en una campeona del mundo se necesita algo más que un cumplidor. Se necesita magia. Ser incisivo en ataque y veloz en defensa. Azpilicueta entró en el descanso de la final. Del Bosque ahí si supo reaccionar ante el poco acierto de Arbeloa. Azpilicueta, algo nervioso, entró con convicción al partido. Supo pegarse a Neymar, lo que pudo, ya que el reciente fichaje del Barcelona dio un recital en la madrugada de ayer. También apareció la velocidad. Esa que se había quedado atrás con Ramos. Azpilicueta supo llegar al corte con velocidad, aunque ayer no era el día idóneo para hacer su mejor partido. Neymar y Fred estaban en estado de gracia y una vez arrancados, ya son imparables.

De ahí, que a veces sea necesario dar ese pasito atrás, coger impulso. Porque lo que antes funcionó, volverá a funcionar. Y el rival también cuenta. El doble pivote se puede ir alternando según el poderío físico del rival porque una selección tiene una gran ventaja respecto a un club. En la selección tienes cientos de jugadores a los que elegir en cada convocatoria. Elige a los mejores y a los que te den más variantes. La variante es un arma ante tu rival. Porque si sabes jugar de varias formas, será más difícil vencerte.

jueves, 7 de marzo de 2013

La oportunidad de levantar al Bernabéu entre palos

Nunca sabrás que te depara el futuro, ni siquiera el futuro más cercano. Hoy puedes estar desmoralizado y ser un desafortunado que mañana, tal vez, el azar te tenga reservado un sitio en la gloria. Porque, por más que los busques, los mejores momentos llegan cuando menos te lo esperas. Y así, sin más, un intento de despejar un balón generó la mayor oportunidad.
Diego López no disfrutaba en Sevilla. El lucense había desembarcado en la ciudad de la Giralda para brillar como lo había hecho años antes en el pequeño pueblo de Vila-real. Diego incluso había obligado al hombre que paró al Barça en el Camp Nou a emigrar. Sin embargo, las cercanías del Guadalquivir no le sentaban bien. Angustiado y relegado al banquillo, quien llegara a evitar goles en la Liga de Campeones y consiguiera un subcampeonato de Liga, estaba siendo olvidado. Llegó para seguir creciendo pero estaba siendo olvidado. Hasta que una noche de miércoles el tiempo se detuvo. Él no lo sabía pero se le habían abierto las puertas del club de su vida, aquel por en el que aprendió lo que sabe y del que tuvo que salir por culpa del mismo que ahora le hacía volver. Casillas caía para elevar a Diego a la portería de un Madrid convulso. Con 31 años, le había llegado el momento.
Dos días después de aquella noche, Diego López era presentado en el Santiago Bernabéu. Suplente en el Sevilla, el guardameta gallego llegaba a Madrid de puntillas y con Adán titular. El hasta ahora competidor de Iker ya le había quitado el puesto al capitán en más de una ocasión. Sin embargo, Mourinho tenía reservada la suerte para el recién llegado. Petición expresa del portugués, Diego era el elegido. Una vez más, como si nunca si hubiese ido, sustituiría a Casillas.  Pero ahora iba a ser distinto. Creció, se hizo grande. Recordó por qué había estado ya en la casa blanca y la razón por la que Mourinho confiaba en él. 
Su primer partido fue ante el Barça, en Copa del Rey. Para eso había llegado. Para contrarrestar la inexperiencia de Adán en partidos grandes. Y, como si de una premonición de lo que le iba a pasar a partir de ese momento, cumplió. Paró a Dani Alves, a Messi y a Jordi Alba. Desde entonces ha brillado cubriendo la portería merengue. Desde entonces, y hasta el pasado martes. Diego viajaba a Old Trafford por segunda vez en su vida. Ya sabía lo que era parar al Manchester United. Tévez también. Y Ferguson, que incrédulo lamentaba una tras otras las intervenciones del meta. Diego voló en el Teatro de los Sueños. Sostuvo el aliento de 76.098 almas. Se quitó de encima a Rooney, evitó a Van Persie y, por dos veces, paró a Vidic. 
Casillas ya está en el banquillo pero parece que Diego López tiene claro su papel. El portero gallego pretende que el capitán madridista siga sentado como estuvo él en Sevilla. Diego le ha dado la vuelta a las tornas. Ahora es él el que evita que Iker juegue. Aunque eso sí, la última palabra de si Diego seguirá disfrutando de ese sitio en la gloria la tiene quien lo puso ahí, José Mourinho.

lunes, 31 de diciembre de 2012

La B es neroverdi

Cerrar el año ha sido fácil en la provincia de Módena en lo que al fútbol se refiere. En al tercera ciudad más grande de la provincia norteña han celebrado de la mejor forma el nonagésimo aniversario del Unione Sportiva Sassuolo. El club ha superado las cifras de la Juventus de 2006 en Serie B, consiguiendo en veintidós jornadas 51 puntos, la mejor cifra de la historia de la división de plata del fútbol italiano. Además, lo ha conseguido siendo el equipo más goleador y con el portero que recoge menos balones de su portería. Los neroverdi saben a lo que juegan y lo hacen bien. 

 Francesco Magnanelli no es ningún jovencito, tampoco un veterano pero llevar siete años en un club le hacen ser el capitán y estandarte del club sassolesi. Magnanelli luce '4' y brazalete en el centro del campo del Alberto Braglia (a la espera de la ampliación del Stadio Enzo Ricci, casa de los neroverdi hasta que consiguieran el ascenso a Serie B en 2008)  como el conductor de la máquina más perfecta jamás construida. El Sassuolo se ha erguido sobre sus hombros y se ha apoyado en sus dos escuderos, Missiroli y Bianchi. El primero pone el toque y la precisión ante la llegada y perseverancia del segundo. Magnanelli agradece el desahogo que provocan y se siente protagonista de la squadra. El técnico, Eusebio Di Francesco, le ha dado las riendas a Magnanelli como ya hicieran los seis técnicos que ha tenido el Sassuolo  en estos cinco años en Serie B. Cumple, y, además, lo hace bien. Lo hace bien porque tiene dos buenos escuderos y porque en la parcela ofensiva el Sassuolo está rindiendo de una forma escandalosa. Contar con seis jugadores de ataque y que todos hayan marcado esta temporada es único. Único, y propio de esta escuadra que ha rozado la perfección en su noventa cumpleaños y a la que le espera un 2013 histórico.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Óscar y Oscar

Siempre ha habido grandes ilustres, personajes que abarcan los focos, esos seres que son mediáticos por carácter, por actos o, simplemente, por estar en ese momento a la hora adecuada. Figuras que son omnipresentes y que hacen olvidar al resto de los actores. Las estrellas no siempre fueron apuesta ganadora, es más, muchas acabaron estrelladas. Ahí, en ese momento de la decadencia, de lo que parece el fin de una era, el fin de todo lo que prometía, aparecen ellos. No para ocupar el lugar de los ilustres, ni para ser lo que ellos fueron, todo lo contrario. La figura del secundario siempre estará ahí, implacable. El actor secundario es quien aguanta todo tipo de argumentos incoherentes sin elevar la voz, sin poner en duda el poderío mediático. No lo desea. Pero, cuando todo cae está ahí. Sin más. Como la voz en off que narra el argumento de lo que va a suceder a continuación. El que marca el camino. Por él pasa todo. Él sirve en bandeja de plata las balas y guarda, siempre, una en la recámara.

Óscar no es más que un chaval salmantino que empezó su andadura por la Primera División del fútbol español a principios de siglo. Aplicado en su cometido, silencioso y, siempre, actor secundario. En Valladolid vivió sus inicios en el fútbol y en Valladolid está viviendo su mejor momento como jugador. Entremedio: dos equipos y tres títulos. Cuatro años de sigilo en Zaragoza, donde se hizo algo más que un nombre; y dos años en Atenas. En La Romareda ganó la Supercopa en su primer año, y compartió honores con Villa en el club maño. En Grecia fue cómplice de Valverde en el doblete de un Olympiacos que solo lo había logrado una vez desde los años 90. Óscar siempre fue el segundo de ese personaje principal. Sus primeras temporadas cerca del Pisuerga; Aganzo, Fernando y Makukula le quitaron el protagonismo. Pese a ser el máximo goleador blanquivioleta el año del descenso, y su último año en Valladolid hasta su vuelta al equipo el año pasado en Segunda. Óscar volvió donde dejó al equipo. Pero volvió para devolverlo de donde no tendría que haber salido. Lo mejor, volvió siendo más de lo que fue. La experiencia con el Txingurri en Grecia enriqueció al talentoso mediapunta y con Djukic no hizo más que crecer. Además, Javi Guerra siguió ocultando a Óscar en un segundo plano los dos años del salmantino en Segunda, sin parecer trascendente, lo era todo. Este año sigue siendo la segunda bala del Valladolid, lo que siempre ha sido y lo que nunca dejará de ser. El actor principal que ocupa el puesto de secundario en el mejor Valladolid que se recuerda. El Valladolid de Djukic. El Valladolid de Óscar.


Oscar se distingue de Óscar por algo más que un acento, pero sus semejanzas también son más que las de la escritura. Les separan nueve años y dos centímetros. Oscar dos Santos nació en Brasil y empezó en el fútbol profesional cuando Óscar ya levantaba un doblete en la cuna de la civilización occidental. El brasileño inició su periplo profesional igual que el español, en primera. São Paulo no es un club en el que el joven futbolista pudiera actuar a su antojo y en dos años apenas jugó. Sin embargo, en 2010, tomó la decisión que le ha catapultado a ser el mayor actor secundario brasileño del momento. Cambió São Paulo por Porto Alegre, recaló en el club que tan solo cuatro años antes había doblegado al Barcelona de Rijkaard en la final de la Copa Intercontinental. En el Internacional, fue la sombra de Leandro Damião, el segundo jugador del equipo pero, como Óscar en Valladolid, el más trascendente. El segundo delantero sigue estando infravalorado, el mediapunta sigue sin ser ese jugador al que se alaba por ser quien es, el conductor de la nave ofensiva de un equipo. Oscar supo de su importancia y, como actor secundario salió de Brasil, justo cuando se hablaba de Neymar y de Lucas Moura, los actores principales del momento. Él seguirá en su rol. Sin embargo, una vez más el cambio le ha sentado bien al nacido en São Paulo. Llegó a Londres y se acopló al juego europeo tan rápido como Napoleón perdía sus tropas en el frío ruso. Pero este Chelsea parece ideal para los actores secundarios. Mata, Hazard y Oscar. Los secundarios por antonomasia de la liga inglesa no tienen actor principal. El actual Chelsea es la película sin estrella, la pistola que solo tiene la bala en la recámara, esa bala que ostenta Oscar.  

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Goles veteranos

El gol, siempre asociado al '9', alegría de todo un estadio y salsa del fútbol. El problema surge en lo primero, el '9', ese gran olvidado y cada vez menos utilizado jugador. La referencia de un equipo a la hora de atacar, el incordio de las defensas rivales, el que, de media ocasión, consigue meter dos en el fondo de las mallas.  En el fútbol actual el concepto de nueve para el delantero centro está desapareciendo y cada vez encontramos menos pero los que aún quedan, siguen cumpliendo. En Italia no se olvidan de ellos y tras dos jornadas en la Serie A hemos comprobado que seguirán marcando goles.
Ejemplo de ello son dos jugadores que empezaron en esto de introducir balones en las porterías el siglo pasado. Miroslav Klose y Sergio Pellissier. Un alemán y un italiano. Uno en la Lazio y otro en el Chievo. La historia de Klose en Italia es corta pero no por ello mala. 29 partidos y 17 dianas. El aún delantero de la selección germana solo sabe marcar goles y por eso, y pese a sus 34 años, sigue en la Mannschaft y en un equipo de primera línea en la máxima división italiana. Miroslav es ese nueve que con el mero hecho de estar en el campo te asegura goles. Desde su llegada a Bremen en 2004 y a excepción de sus dos últimos años en Múnich, Klose asegura a sus equipos un mínimo de 15 goles por temporada.
Otro de los '9' que continúan dando que hablar en Italia es Pellissier. El aostano lleva toda la vida en el Calcio y no ha hecho otra cosa que golear. Sus inicios en Serie C con el Varese y el SPAL le sirvieron para acabar en un equipo del que es algo más que il capitano. Pellisier se ha convertido en la imagen del club de Verona. En el Chievo, Sergio ha disputado más de 300 partidos y saboreado el gol en más de 100 ocasiones. Toda una institución que tras treinta y tres 12 de abril sigue rindiendo. A Sergio no se le puede discutir ni en la nazionale; un partido, un gol. 
Esta temporada ambos han empezado igual que siempre, haciendo lo único que saben hacer. Que el balón acabe en la red rival. Los dos desde la veteranía, uno con la experiencia de toda una vida en Italia y el otro en su segundo año en tierras transalpinas. Pellissier y Klose, hechos por y para el gol, por y para el Calcio.

viernes, 31 de agosto de 2012

Perdido sin Nuri

El Borussia Dortmund de la temporada 2010/2011, aquel del séptimo trofeo germano, el del segundo año de Jürgen Klopp en el equipo. Ese Dortmund que práctico un fútbol que asombró a Europa con un jugador como principal autor, el mejor jugador de la Bundesliga, Nuri Sahin. Un Sahin que, tras esa brillante temporada y con el trofeo bajo el brazo, partió. Rumbo a Madrid.
Tras la marcha del mediocampista turco, su otra mitad en el centro del campo phosphorite quedó vacía. Aquel rubio que había sostenido al equipo de Westfalia mientras Nuri mostraba su fútbol, perdió el rumbo. Sven Bender desapareció, sin hacer ruido, tal y como había estado en el campo. Los elogios eran para la zurda de Sahin. Bender había desplazado del once a toda una institución en el BVB, Sebastian Kehl,  gracias a que este último sufrió una inoportuna lesión nada más comenzar la temporada. Quitarle el puesto a un estandarte como Kehl en el Dortmund parecía que sería solo el principio de una carrera más que prometedora. Sin embargo, el capitán del Borussia ha vuelto a la titularidad.

Tras la marcha de Sahin, el Dortmund perdía a su mejor jugador, lo que no sabía es que también estaba perdiendo a otro jugador. Sven Bender comparte algo más que el apellido con su hermano, Lars Bender. Son gemelos. Tras la fantástica temporada de Sven en el Dortmund, se calificó a este como 'el bueno de los Bender', sin ir más el lejos el del Borussia disputó el doble de minutos que su hermano Lars, en el Bayer Leverkusen, en aquella Bundesliga. Pero tras la marcha de Sahin, las cosas cambiaron y Lars completó un grandísimo año mientras su hermano Sven se diluía sin la presencia de turco al lado. Además, 'el bueno de los Bender' se lesionaba en septiembre y no volvería hasta enero. Pero no tuvo un gran retorno. Con 21 años, Sven había dado un nivel de jugador de selección que, con 22, desapareció. Se quedó sin Eurocopa. Eurocopa que sí disfrutó su hermano.

La ausencia en la competición veraniega no ha hecho más que frenar al jugador. Klopp no lo ve con capacidad para ser titular en el equipo por encima de un Kehl que ya tiene 32 años. El jugador no se encuentra bien, su falta de partidos a finales de 2011 por una rotura de la mandíbula y el golpe psicológico de la no-convocatoria para el Europeo, han marcado a un jugador que también anhela al que fuera su mejor acompañante. Sahin, lesión de por medio, no encontró su sitio en la capital española pero Bender tampoco consigue rendir al nivel de antes.

La pareja que llevó al Dortmund a ganar su séptima Bundesliga tras nueve años de sequía no atravesó su mejor momento la pasada temporada. En la actual, Nuri ha vuelto a cambiar de aires, desembarcando en Liverpool. Sven, continúa sin ver una referencia que le ayude a regresar a su mejor nivel o, como mínimo, que le devuelva la titularidad al once del vigente campeón alemán. El mediocampo del Dortmund es esta temporada de Ilkay Gündogan, sustituto natural de Sahin, y Sebastian Kehl, que, tras recuperar su mejor forma, es quien impide a Bender jugar. Pero Kehl no es el único impedimento que tiene Sven para jugar, Klopp ha vuelto a tirar de juventud y esta temporada parece que contará, y mucho, con la presencia de Moritz Leitner en sus alineaciones. El joven futbolista alemán de tan solo 19 años ocupa una demarcación bastante similar a la de Bender y tras su debut con el primer equipo la pasada campaña no ha hecho más que contar con la confianza de Klopp. El técnico sabe lo que le dio Bender, pero también sabe que desde la marcha de Sahin, todo ha cambiado.

Tras una temporada se podría decir que Bender no es nada sin Sahin, no se encuentra, no encuentra su sitio. Al que fuera 'bueno de los Bender' solo le queda recuperar su nivel y entenderse con Gündogan tan bien como lo hacía con el turco para que no quede en el olvido. Bender sabe que todo no depende de Nuri, lo demostró con la selección sub-21 de Alemania y más de una vez con la absoluta, sabe que él está por encima de la mejor pareja de mediocentros de los últimos años en Alemania, de su relación con Sahin en el campo. Sven debe volver a ser 'el bueno de los Bender', sin la ayuda de Nuri. 

sábado, 30 de junio de 2012

Hasta Kiev

Recordemos donde se inició todo, porque siempre es bueno mirar al pasado, y si es un pasado glorioso, más aún. Nombres que nunca olvidaremos como los del Ernst Happel, aquel estadio en el que Torres igualó a Marcelino; o Iniesta, que hizo que 40 millones de españoles saltaran al unísono; o Luis Aragonés, el míster, sí, el míster, porque él fue el que seleccionó a los 23 de Viena; o  Cesc, un Cesc que ya lucía el 10 en su camiseta roja y que, por aquel entonces, también marcaba quintos penaltis; o Pedro, sí, un chaval de Abades, en Tenerife, y que en una semifinal de un Mundial descolocó a toda  Alemania; o Del Bosque, el míster, sí, el míster, porque al igual que Luis, él seleccionó a otros 23, a los de Johannesburgo; o Casillas, el mismo que detuvo a Paraguay, a Rusia, a Holanda o a Italia; o el Soccer City, un estadio en el que Xabi Alonso recibió una patada en el pecho y en el que Casillas alzó al cielo nuestra primera estrella; y por qué no acordarse de los Lahm, Lehamn, Buffon, Di Natale, De Jong, Heitinga, Robben, Van der Vaart, Stekelenburg, o Webb.

Cuatro años, han pasado cuatro años, y volvemos al principio, Italia. Aquella vez fueron unos cuartos, era romper una maldición o seguir siendo un equipo de eso, de cuartos. Ahora es distinto, es continuar la historia, escribir en castellano en el libro del fútbol mundial algo que nadie ha escrito nunca. La tercera seguida - Alemania Occidental ya consiguió llegar a tres finales seguidas, pero tras ganar la Eurocopa del 72 y el Mundial del 74, Checoslovaquia, o Panenka con su penalti, le arrebató la gloria en la final de la Eurocopa del 76 -, ante esa selección con la que acabamos con aquel 'equipo de cuartos'. Si ya los eliminamos una vez, ¿por qué no vamos a poder de nuevo? El problema es que no pudimos, ni hemos podido nunca, siete veces hemos jugado contra Italia en una Euro o un Mundial y no hemos ganado ninguna, solo los hemos eliminado gracias a los penaltis en 2008. Ni siquiera en esta Eurocopa pudimos hacerlo, empatamos.

Nunca le habíamos ganado a Francia, tampoco, y esta vez se consiguió. Ganar está claro que no es cuestión de si ya lo has hecho o no, pero puede ser un factor que afecte a la moral de los futbolistas, como también puede afectar a la moral la tanda fatídica de Viena. En esa tanda Casillas detuvo a De Rossi y a Di Natale, ambos siguen en la squadra azzura, y querrán redimirse. Lo que quizás no recordemos es que esa Eurocopa era la segunda que hacían dos países conjuntamente y que Xavi dio un recital que le valió para ser el mejor jugador del torneo; o que el balón oficial se llamaba 'Europass'; o que Villa, ausente en este europeo, fue el máximo goleador del torneo tanto en 2008 como en 2010 (dónde anotó los mismos que Müller). Un 2010, en el que nuestra selección se instaló en Potchefstroom, en la que el balón del torneo fue el famoso 'Jabulani'; en la que Forlán fue nombrado mejor jugador del torneo por encima de Don Andrés, ese albaceteño que nos dio la gloria; en el que Suiza nos marcó el camino a seguir con aquel toque de atención; en el que Alemania llegaba a semifinales marcándole cuatro goles a Inglaterra y otros cuatro a Argentina en uno de los mejores partidos que ha jugado la selección germana y Puyol, también ausente este mes en Polonia y Ucrania, se elevó por encima de toda la defensa alemana para meternos en la final del Mundial.

Quizás, y solo quizás, recordemos que Buffon le detuvo un penalti a Güiza en aquellos gloriosos cuartos; que Senna formó la pareja perfecta de Xavi en el centro del campo; que Sergio García estaba en ese equipo y que jugó un partido; que Villa, en la semifinal ante Rusia, tirando una falta notó un dolor que le impidió jugar la final, un dolor que sufrimos todos; o que Torres adelantó a Lahm por la derecha en el minuto 32, cuando nadie confiaba en que llegara a ganar ese balón, para elevarlo luego por encima de Lehman; o que, en la celebración, Palop lucía la camiseta que Arconada llevó en la final de 1984 ante Francia; o que, aunque parezca que no, era nuestra segunda Eurocopa tras la de 1964.
Quizás, y solo quizás, recordemos el nombre de Fernandes, aquel jugador que marcó el gol de la derrota ante suiza; o el de Justo Villar, el portero por aquel entonces del Valladolid, que le paró un penalti a Xabi Alonso, o el número 19 de España, el de Llorente, que salió ante Portugal y consiguió sorprender a la defensa lusa; o que los porteros se quejaron una y otra vez del balón; o que Nelson Mandela apareció en un carrito por el Soccer City antes de la final; o de la camiseta que honraba a Jarque que sacó Iniesta a relucir tras hacer historia; o que Blatter, bufanda blanca al cuello, se asustó al ver a Iker subirse al borde del escenario donde iba a levantar nuestro primer Mundial.

Y por qué no, habrá que recordar más nombres en nuestras cabezas, como el de Sergio Ramos, que se atrevió a tirar un penalti emulando al mítico Panenka; o el de Slavek y Slavok, las mascotas de esta Eurocopa; o el de Jordi Alba, que sorprendió a toda Europa consagrándose como el lateral izquierdo de la selección; o del absurdo, pero muchas veces enriquecedor, debate del '9'; o a Italia, la que empezó todo; o que en el partido 143 de nuestra historia en las Eurocopas hicimos historia, y, por qué no, recordaremos el Olímpico, Ucrania, el azul, el amarillo, y Kiev.